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Cerrar una finca sirve para mucho más que marcar el linde: frena a los conejos que se comen la brotación de la viña, evita que se use tu parcela como paso o como escombrera y da tranquilidad cuando guardas aperos o un pequeño almacén. En una provincia tan agrícola, es el tipo de cercado más necesario.

Son el paisaje típico de la Mancha: parcelas alargadas y llanas, de varias hectáreas, donde la simple torsión galvanizada de 1 a 1,5 metros es la opción lógica. Dejamos las entradas en la cabecera de las calles para que la vendimiadora y el tractor entren sin maniobras.
En las afueras de casi todos los pueblos hay parcelas con casita, pozo y huerto. Aquí la gente quiere algo más alto, de 1,5 a 2 metros, y muchas veces en verde para que se integre con los árboles. Si hay perros, cerramos también por abajo.
Lindes muy largos donde manda el precio por metro. Postes más espaciados, tensores reforzados y puertas anchas para la cosechadora.
Si has heredado una finca y vives fuera, puedes dejarla cerrada y protegida sin desplazarte. Lo organizamos a distancia con la referencia catastral y te mandamos fotos del resultado.
Sí. Muchas veces se cierra el frente al camino y los lados más expuestos, y se deja para más adelante el resto.
Si se entierra la parte baja o se dobla hacia fuera, sí frena a conejos y liebres. Lo planteamos al medir.
Envíanos la referencia catastral o la ubicación y te preparamos la propuesta.